Fachada del Palacio del Marqués de Salamanca, sede de la Fundación BBVA
Fuente: Raystorm, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Fachada del palacio; no hay imagen libre del interior con los suelos taraceados.

El Palacio del Marqués de Salamanca fue encargado en 1846 por José de Salamanca y Mayol, I marqués de Salamanca, al arquitecto Narciso Pascual y Colomer, autor del Congreso de los Diputados. Las obras comenzaron entre 1845 y 1846, se paralizaron durante el exilio del marqués en 1848 y se reanudaron en 1850, hasta su conclusión en 1858.

El edificio conserva suelos taraceados en maderas nobles, junto a pinturas murales de motivos pompeyanos y chimeneas francesas de mármol de Carrara blanco. La taracea, o marquetería, es una técnica de incrustación de piezas de madera que compone dibujos; de las especies y el patrón concretos no hay constancia pública.

El edificio pasó en 1876 al Banco Hipotecario de España y desde 1999 es sede madrileña de la Fundación BBVA. Declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000, participa en el programa «¡Bienvenidos a palacio!» de la Comunidad de Madrid. Este artículo forma parte de la serie Los mejores parqués de España.

El encargo de un banquero en Recoletos

José de Salamanca y Mayol, I marqués de Salamanca, encargó el palacio en 1846 al arquitecto Narciso Pascual y Colomer, autor del Congreso de los Diputados. La construcción se prolongó desde 1845-1846 hasta 1858, con las obras paralizadas durante el exilio del marqués en 1848 y reanudadas en 1850.

El edificio se inauguró con una gran fiesta en diciembre de 1858 de la que se hizo eco la prensa de la época. BBVA fecha el convite el 16 de diciembre de 1858, respaldado por la crónica de La España del 17 de diciembre; otras fuentes lo sitúan el 18 de diciembre.

El marqués fue banquero, empresario ferroviario y político, y el palacio reflejó ese estatus: un gran edificio exento en el paseo de Recoletos, rodeado de jardines, en uno de los ejes urbanos más visibles del Madrid del siglo XIX.

Arquitectura y decoración del palacio

El palacio es un edificio exento de planta rectangular organizado en torno a un gran patio central de columnas, con planta baja, planta principal y sótano o semisótano. La fachada principal es de inspiración renacentista italiana, con triple arquería, grutescos y medallones.

La decoración interior combina pinturas murales de motivos pompeyanos con chimeneas francesas de mármol de Carrara blanco. Esa misma lógica ornamental alcanza a los pavimentos: suelos taraceados en maderas nobles que forman parte del lenguaje decorativo del edificio, no un simple pavimento de uso.

Los suelos taraceados

La Wikipedia en español describe el palacio como conservador de «unos magníficos suelos taraceados en maderas nobles». La taracea, también llamada marquetería, consiste en incrustar piezas de madera, y a veces otros materiales, para componer dibujos sobre una superficie.

Las fuentes públicas no documentan la especie concreta de esas maderas nobles ni el patrón del taraceado, por lo que este artículo no los afirma: el valor patrimonial del suelo está documentado; el detalle técnico exacto, no.

En un interior con pintura pompeyana y chimeneas de Carrara, un suelo taraceado se integra con la decoración fija: zócalos, puertas, rodapiés y mobiliario. Intervenir un suelo así exige conocer primero qué dibujo hay, con qué maderas se hizo y sobre qué soporte descansa.

Del Banco Hipotecario a la Fundación BBVA

En 1876 el marqués vendió el palacio al Banco Hipotecario de España y en 1999 BBVA lo convirtió en sede madrileña de su fundación. El cambio de uso dejó reformas documentadas —la ampliación de 1905 de Valentín Roca Carbonell, el pabellón de portería de 1919 de Joaquín Saldaña y la gran reforma de 1947-1948 de Luis Gutiérrez Soto—, y según las fuentes turísticas de Madrid el palacio «se restauró completamente para este fin». No consta en cambio una restauración específica de los suelos taraceados.

Un palacio abierto al público

El palacio fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento por el Decreto 268/2000, de 21 de diciembre de 2000, de la Comunidad de Madrid.

El edificio participa en el programa «¡Bienvenidos a palacio!» de la Comunidad de Madrid, que abre al público palacios normalmente cerrados por su uso o titularidad. Más de 95 500 personas han participado en las once ediciones celebradas del programa, una vía para conocer estos interiores y sus suelos de madera.

Qué revisar ante un suelo taraceado histórico

Un suelo taraceado histórico se valora antes de tocarlo: hay que identificar el dibujo, las maderas empleadas, el soporte y el estado de cada zona, porque una pieza suelta o un cambio de humedad pueden abrir juntas en la marquetería.

La documentación disponible de este palacio no permite afirmar especie, patrón ni sistema constructivo del suelo. Cualquier intervención, restauración o reproducción de piezas debería partir de esa documentación y, en su caso, del acceso al propio edificio.

El Palacio del Marqués de Salamanca es un caso de valor documentado sin ficha técnica: la intervención debería comenzar por el acceso al edificio y el levantamiento del dibujo, antes que por el acabado.

Fuentes usadas