El Palacio Episcopal de Astorga tiene parquet en la planta baja y en la planta noble, con tres dibujos en cuatro salas. La capilla y el Salón del Trono llevan cuadros de tablillas, el paso de delante de la capilla lleva paños con fajas y el provisorato, espiga. Lo empezó Antoni Gaudí en 1889 y lo terminó Ricardo García Guereta en 1913.
El palacio nunca se usó como vivienda del obispo y hoy es el Museo de los Caminos. Es uno de los casos de los mejores parqués de España.

La capilla
La capilla cierra la planta noble y es una de las dos salas de doble altura del palacio, con unos 10 m hasta la bóveda. Se consagró en 1913. Su suelo es un parquet de cuadros. Cada cuadro junta tres o cuatro tablillas cortas, y el de al lado las gira un cuarto de vuelta, como el tejido de una cesta.
El dibujo no cambia al subir al presbiterio. El estrado es un escalón con el canto de madera oscura, y encima siguen los mismos cuadros, en el mismo tono claro, hasta la base del altar.
Paños y fajas
Delante de la capilla, en el paso con columnas de granito, el parquet cambia de dibujo. Las tablas son largas, de veta muy marcada y tono rojizo, y forman paños grandes con la veta en una sola dirección cada uno.
Entre paño y paño corren fajas estrechas de una madera más clara. Arrancan junto a las basas octogonales de las columnas y, al cruzarse en diagonal, dibujan rombos grandes sobre el suelo. Junto a la columna de la izquierda asoma, en el borde, un tramo de espiga.

El Salón del Trono
El Salón del Trono es la otra sala de doble altura y repite el dibujo de cuadros de la capilla, aquí con cuatro o cinco tablillas por cuadro. Las piezas tienen vetas fuertes y no todas son del mismo tono: unos cuadros se ven más oscuros que otros.
La madera se detiene en dos remates de piedra. Al fondo, en la esquina, la silla del trono, de piedra caliza, se apoya en una grada de dos escalones bajo un dosel de granito que dibujó Gaudí. A la izquierda, la chimenea ocupa un pórtico bajo un arco rebajado, coronado por una celosía de ocho ventanas apuntadas, con suelo de piedra un escalón por encima del parquet.


El provisorato
La planta baja, de 6,30 m de altura, se reservó al gobierno de la diócesis. Allí estaban las habitaciones del mayordomo, del secretario y del provisor, el juez eclesiástico del obispado. El provisorato ocupa el mismo sitio que el ábside de la capilla, una planta más abajo, y tiene como él capillas pequeñas con vidrieras y rosetones.
Su suelo es una espiga de tablas cortas y estrechas, en tono miel con vetas rojizas. Corre por toda la sala, rodea las columnas y llega hasta los zócalos y las puertas de madera oscura y hasta la base de granito del nicho de la derecha.

Trece años sin tejado
El obispo Juan Bautista Grau, que había encargado el palacio a Gaudí, murió en septiembre de 1893, y el 4 de noviembre el arquitecto dimitió. Para entonces la obra había costado 281.753 pesetas, dos tercios más que las 168.520 del presupuesto de todo el edificio. Gaudí se marchó diciendo que «serán incapaces de acabarlo», y la obra se paró.
El palacio se quedó sin cubierta hasta 1906, cuando García Guereta tomó la dirección. En esos años el suelo de la planta principal hizo de tejado, la misma planta donde hoy están los parquets de cuadros. Gaudí había dejado desagües a ras de suelo, por las rosetas caladas de la fachada y por ventanas abiertas hasta el suelo.
Francisco Blanch, que le sucedió en enero de 1894, solo hizo cloacas y bajantes de hierro. Marcelino García Crespo, que estudió el libro de cuentas de la obra, cree que Blanch extendió además sobre ese suelo una capa de hormigón de unos 5 cm. Le daba pendiente hacia las bajantes para que el agua no se embalsara contra los muros.
De cuartel a museo
En la Guerra Civil el palacio fue cuartel de artillería y sede de Falange, y entre 1943 y 1955 se repararon los daños. En 1956 el obispo José Castelltort adaptó el piso segundo para vivir en él, pero murió en 1960 sin estrenarlo. Su sucesor abrió el Museo de los Caminos en 1964. Se desconoce de cuándo son los parquets que se ven hoy.
La restauración de 2016 y 2017 siguió un Plan Director de 3,46 millones de euros. Su tercera fase, pagada por el Ministerio de Fomento con el 1,5 % Cultural, se contrató en marzo de 2016 con la empresa Trycsa por 1,36 millones. Según la nota de prensa del inicio de las obras, el proyecto incluía reparar las cubiertas, los pavimentos de madera y los revestimientos interiores. La obra se inauguró el 20 de junio de 2017.
Reparar sin romper el tejido
En los cuadros de la capilla y del salón, una tablilla suelta o una junta abierta salta a la vista: corta el tejido. Si una zona suena a hueco, se inyecta o se repega según cuánto se haya despegado. Las juntas y grietas se cierran con resina específica de parquet, nunca con serrín. Para reponer una tablilla en el salón, donde conviven dos tonos, el tinte se prueba antes sobre esa misma madera.
Antes de lijar la espiga del provisorato hay que conocer el grosor de madera que le queda por encima de la lengüeta. En un museo nadie levanta una tabla para verlo de canto. Lo cuentan la edad del parquet, los acuchillados que acumula y el sonido, más o menos fino, al pisarlo. Cada pasada de acuchilladora le resta de 0,8 a algo más de 3 mm, menos cuanto más plano esté el suelo. A una espiga con solo dos o tres milímetros encima de la lengüeta apenas le cabe otra restauración. Un caso parecido: Restauración de parquet de olivo en espiga tradicional – Madrid.
Restauración de parquets antiguos
Una espiga o un parquet de cuadros se recupera con su dibujo si se repara pieza a pieza en lugar de cambiarlo. Más sobre suelos con historia, en Parquets antiguos.
Fuentes
- José Luis Filpo Cabana, Wikimedia Commons, CC BY 3.0.
- José Luis Filpo Cabana, Wikimedia Commons, CC BY 3.0.
- José Luis Filpo Cabana, Wikimedia Commons, CC BY 3.0.
- Fernando Losada Rodríguez, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
- Reinhard Dietrich, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.