Gaudí diseñó para los salones de los pisos de La Pedrera un parqué de roble y álamo: hexágonos partidos en doce triángulos de las dos maderas. Lo fabricó el taller barcelonés Casas i Bardés para la casa que Gaudí levantó entre 1906 y 1912. Es uno de los casos de los mejores parqués de España.

Doce triángulos por hexágono
Cada hexágono se parte en doce triángulos, y los triángulos alternan las dos maderas. Al juntar los hexágonos, las divisiones radiales se prolongan de uno a otro y forman un mosaico de dos colores. La Fundació Catalunya La Pedrera lo compara, en la versión catalana de su web, con las lacerías islámicas, los dibujos de lazos geométricos que se entrelazan.
El parqué se colocó en todas las estancias de la zona noble de los pisos. En la foto de detalle se cuentan los doce triángulos que se juntan en cada centro. Los de color miel enseñan una veta marcada, de rayas largas; los claros son más lisos y pálidos.
Las juntas se ven como líneas oscuras, y entre algunas piezas quedan abiertas. La superficie está rayada y tiene zonas mates junto a otras que todavía brillan, con el tono desigual de un suelo muy pisado.

Un taller de parquets
Casas i Bardés salió hacia 1897 de la división de Planas i Casas, heredero del taller de carpintería de Eudald Puntí, que había trabajado para Gaudí. Tenía la fábrica en la calle Casanova, 23, de Barcelona, y antes de La Pedrera ya había hecho muebles de Gaudí para la Casa Calvet.
En 1907, con La Pedrera en obras, el taller se anunciaba en el anuario de la Associació d’Arquitectes de Catalunya como fabricante de «parquets (entarimados, mosaico de madera natural)». En el mismo anuncio ofrecía techos artesonados, arrimaderos y chimeneas de madera.
El piso principal en 1927
Rosario Segimon era la dueña del edificio, que levantó con la fortuna heredada de su primer marido, Josep Guardiola. La casa lleva el apellido del segundo, Pere Milà. El matrimonio vivía en el piso principal, de 1.300 m², donde dos veces al año se daban bailes y se reunía toda la familia. Los invitados subían por la escalera del vestíbulo del paseo de Gracia.
A ella nunca le gustó la decoración que Gaudí había hecho en su piso. Tras la muerte del arquitecto, en 1926, encargó una obra nueva al decorador Modest Castañé i Lloret. El 23 de marzo de 1927, Josep Bayó, el constructor de La Pedrera, le presentó el presupuesto. Entre los derribos figuraba «arrancar las llatas de los parquets» (llata es listón en catalán), y en la obra nueva, «colocar llatas para los parquets».
La obra alcanzó a la sala de fiestas, el hall y el vestíbulo, el despacho, el salón, el salón comedor, el dormitorio y el pasillo. Con el parqué se fueron las persianas y 532,50 m² de cielos rasos, y se cambiaron veinte puertas y ventanas. Todo costó 19.481,25 pesetas. Desde julio de 1992, el piso de aquellos bailes es la sala de exposiciones de la Fundació, de 1.200 m², abierta entre unas treinta columnas de piedra.
El piso que se visita
El piso que se enseña al público está en la cuarta planta, no en el principal. La Fundació lo ha amueblado como la casa de una familia burguesa de 1911, con recibidor, sala, comedor, despacho y dormitorios. Entre los elementos diseñados por Gaudí que se ven en la visita, cuenta los pavimentos. Caixa Catalunya había comprado el edificio en diciembre de 1986, y la restauración de toda la casa terminó en junio de 1996. La Fundació no dice si los suelos de este piso son los de 1911 o se repusieron en esas obras.
En el comedor de la primera foto, el parqué de triángulos va de pared a pared. Rodea la alfombra, pasa bajo la mesa y los aparadores y llega al zócalo de la pared curva, junto a la puerta acristalada. Donde entra la luz, a la derecha, el suelo brilla y las estrellas oscuras y claras se leen mejor.
El dormitorio tiene otro suelo: un parqué de espiga de tablillas rojizas y brillantes. Las filas en zigzag corren desde la ventana hacia la cama, y la alfombra solo tapa el lado de la mesilla.

Baldosa en las piezas de servicio
Las habitaciones secundarias de los pisos llevaban baldosa hidráulica hexagonal, de color verde nefrita y con el dibujo en relieve. Gaudí la había diseñado para la Casa Batlló, pero el fabricante, Escofet, tardó tanto por la complejidad del dibujo que acabó en La Pedrera. Hacen falta siete baldosas para leer el dibujo entero, una alegoría del mar. En él se reconocen la espiral de un amonites, una estrella de mar y un alga, quizá de la familia del sargazo.

Roble y álamo bajo la lijadora
En este mosaico conviven dos maderas de densidad muy distinta: el roble ronda los 710 kg/m³ y el álamo blanco, los 440. Lo que se lleva cada acuchillado depende de la especie y de lo que haya que nivelar, entre algo menos de un milímetro y tres o más. Aquí la cifra cambia de un triángulo al de al lado.
Antes de lijar un suelo así se averigua cuánta madera le queda a cada triángulo sobre la lengüeta. Lo enseña el canto de una pieza suelta o el de un umbral. Cuando el canto no está a la vista, se deduce de la edad del suelo, de las veces que se ha acuchillado y del sonido al golpear. Un triángulo con dos o tres milímetros útiles, o menos, ya casi no admite otra pasada. Las juntas abiertas de la foto de detalle piden una masilla de resina hecha para parquet, nunca serrín. Un caso parecido: Restauración de baldosa italiana de parquet – Almagro.
Restauración de parquets antiguos
Un mosaico de triángulos de dos maderas se puede restaurar sin perder el dibujo si cada pieza conserva madera suficiente. Más sobre suelos con historia, en Parquets antiguos.
Fuentes
- Boerkevitz at Dutch Wikipedia, Wikimedia Commons, Public domain.
- Bert Kaufmann from Roermond, Netherlands, Wikimedia Commons, CC BY 2.0.
- José Luiz, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.
- Kyle Taylor from London, 84 Countries, Wikimedia Commons, CC BY 2.0.