«Melis» es una palabra catalana que ya aparece en un documento de 1431 para nombrar la madera de pino cargada de resina. Siglos después, el comercio español la usó para el pino de hoja larga que llegaba del sureste de Estados Unidos. Así se sigue llamando la madera de muchos suelos antiguos de Madrid.
En corto: el pino melis viejo es el duramen resinoso de pinos de crecimiento lento talados hace más de un siglo. Casi siempre es pino de hoja larga (Pinus palustris). Es más denso que el pino que se vende hoy, pero más blando que el roble, y ya no se tala: solo se recupera de edificios antiguos.
Índice
- Origen y madera de duramen
- De Tortosa a Mobile: dos historias del mismo nombre
- Equivalentes históricos en la Península Ibérica
- De dónde viene el material
- Identificación de la madera en obra
- El pino melis frente a otros pinos
- Cómo se comporta con el calor, la humedad y el barniz
- Qué cambia al restaurarlo
El pino melis viejo: origen y madera de duramen
Llamamos pino melis viejo a la madera de pinos resinosos de bosques primarios. En el comercio español el nombre se aplica al pino amarillo del sur de Estados Unidos. La madera de mejor calidad es la de Pinus palustris, el pino de hoja larga. El nombre, sin embargo, es catalán y mucho más antiguo, como se explica más abajo. No es cualquier pino antiguo: son árboles de crecimiento lento, grano apretado y densidad alta.
Su valor en restauración está en el duramen. En los pinos del Sur la albura es estrecha: mide de 2 a 5 cm, según el Wood Handbook del Servicio Forestal de Estados Unidos. En árboles viejos el duramen ocupa casi toda la sección. Los anillos de los pinos de hoja larga de bosque primario miden de media en torno a 1 mm, unos 8 a 11 por centímetro. La misma obra da para esta madera unos 660 kg/m³ al 12 % de humedad y una dureza Janka de 3.900 N, algo por debajo del roble. Sin ese duramen denso, se trata solo de un pino antiguo común.
De Tortosa a Mobile: dos historias del mismo nombre
El nombre «melis» no nació con las importaciones americanas. El Diccionari Català-Valencià-Balear lo define como «fusta de pi rica en resina» y lo documenta en un texto de 1431. En castellano, el Diccionario de la lengua española lo recoge como palabra tomada del catalán, y el equivalente castellano es coraznada, «interior o corazón del pino». Su origen último no está claro: Coromines lo deriva del occitano mélez, que significa alerce. Durante siglos el melis más conocido fue el pino de Tortosa. Se embarcaba en su puerto junto con la madera que bajaba por el Ebro en almadías, llamadas rais en catalán.
Hacia 1154 el geógrafo Al-Idrisi elogió los pinos de Tortosa por su largo, su grueso y su veta. Escribió que su madera era resinosa y duradera, que no la atacaban los insectos y que se usaba en mástiles y techumbres, según el estudio de Vidal Franquet. En 1568 la orden para construir la Galera Real en las Atarazanas de Barcelona pedía pino de Cataluña, que el Museu Marítim cita como «el mejor leñamen» conocido. La ordenanza de montes de Marina de 1748 puso los pinares de Tortosa bajo la Marina para sacar arboladura y pez, según Ruiz García. En 1771 Jorge Juan comparó en su Examen marítimo el pino de Tortosa con el roble: le daba cuatro quintos de su resistencia con unos tres quintos de su peso.
En el siglo XIX el pino del sureste de Estados Unidos empezó a llegar a Europa. Mobile (Alabama) exportaba a mediados de siglo madera aserrada a Cuba, Europa y Sudamérica, según la Encyclopedia of Alabama. En España su peso fue tardío: Estados Unidos pasó del 6 % de la madera importada en 1880-1883 al 20,7 % en 1911-1913, según Iriarte y Ayuda. El comercio le aplicó los nombres que ya tenían prestigio. Hoy la Asociación Española del Comercio e Industria de la Madera (AEIM) da pino melis, pino tea y pino mobila como nombres del pino amarillo del Sur.
Para la restauración, la distinción importa. Bajo el mismo nombre conviven en Madrid maderas distintas: pino amarillo americano, pino europeo resinoso y sustituciones posteriores. En obra examinamos la madera real, no el nombre comercial.
Equivalentes históricos en la Península Ibérica
Fuera de la cuenca del Ebro, cada región de la Península dio nombre a sus coníferas de duramen resinoso y crecimiento lento. Destacan la tea canaria, el pino laricio de Cuenca y el albar de Valsaín. Todas tienen duramen compacto y resina, y en restauración se trabajan con un criterio parecido.
En Canarias se llama tea al duramen resinoso de Pinus canariensis, usado en la arquitectura tradicional de las islas por su durabilidad, como recoge la Universidad de La Laguna. Es la misma idea que el catalán melis y el castellano coraznada: el corazón resinoso del pino. El comercio peninsular acabó usando «tea» también para el pino americano.
En el interior se usaban dos pinos propios. El pino laricio o pino de Cuenca (Pinus nigra) bajaba por el Tajo hasta Aranjuez con los gancheros, según Gil Olcina. Un manual de albañilería de 1879 lo prefería para piezas de grandes dimensiones. El mismo manual cuenta que la madera que en Madrid se llamaba «de la Tierra» venía de Valsaín, pinar de pino albar (Pinus sylvestris). Qué pino era exactamente el melis de Tortosa está discutido: unos estudios lo identifican con el pino albar y los diccionarios lo definen como variedad del pino negral.
En Madrid pueden convivir estas maderas en edificios del mismo periodo. Una viga de laricio o albar no es melis, aunque compartan duramen resinoso y anillos cerrados.
| Denominación | Ámbito | Especie | Uso histórico |
|---|---|---|---|
| Melis de Tortosa | Ports de Tortosa y Ebro | Discutido: Pinus sylvestris o Pinus nigra | Construcción naval, techumbres |
| Tea | Canarias | Pinus canariensis | Arquitectura tradicional canaria |
| Pino laricio | Serranía de Cuenca, interior | Pinus nigra subsp. salzmannii | Piezas de grandes dimensiones |
| Pino albar | Valsaín (Segovia), Sistema Central | Pinus sylvestris | Madera «de la Tierra» en Madrid |
De dónde viene el material
La referencia botánica más sólida para el melis viejo de calidad es Pinus palustris Mill., el pino de hoja larga. De joven pasa una fase de «césped», con el tallo casi enterrado y protegido por las acículas mientras engorda la raíz. Esa fase suele durar de 1 a 7 años, según la Longleaf Alliance. Después puede vivir siglos: lo habitual llega a unos 250 años, y el ejemplar más viejo medido tenía 458, según Varner y Kush. El Wood Handbook describe la madera de los pinos del Sur como pesada, rígida y con una contracción algo alta, pero estable una vez seca.
Este pino formaba uno de los bosques más extensos del sureste de Norteamérica, aclarado por fuegos naturales. Ocupaba más de 36 millones de hectáreas, según el plan de conservación del pino de hoja larga. Hoy quedan unos 2,1 millones, casi todo masas jóvenes o plantadas. De bosque primario quedan unas 5.100 hectáreas, el 0,014 % del original (Varner y Kush). Esa tala acabó con la madera nueva equivalente. Las masas de producción se cortan entre los 30 y los 60 años, según el Servicio Forestal de Texas, y dan piezas con más albura y anillos más anchos.
En el comercio español, «melis», «tea» o «mobila» no se limitan a una sola especie. La AEIM recoge cuatro bajo «pino amarillo del Sur»: Pinus taeda, Pinus elliottii, Pinus echinata y Pinus palustris. En restauración no basta el nombre: comprobamos crecimiento, proporción de duramen, densidad, veta y resina de cada pieza.
En Madrid, el crecimiento del Ensanche pidió mucha madera para estructura y pavimento. Los manuales de 1879 todavía no hablan de melis. Un manual de carpintería de ese año da las tablas machihembradas para entarimados como «de pino rojo del Norte», es decir, de Escandinavia y Rusia. El pino americano gana peso a partir de 1900. Hoy encontramos melis en tarimas, parquets y carpintería de Centro, Chamberí, Salamanca, Retiro, Jerónimos y Argüelles. Ya no se tala: el material sale de derribos, vigas desmontadas y almacenes antiguos.
De aquella industria queda un ejemplo entero: el aserradero de Long Leaf (Luisiana), que los Crowell trabajaron desde 1893 hasta 1969 y que hoy es el Southern Forest Heritage Museum. El Historic American Buildings Survey lo dibujó pieza a pieza para la Biblioteca del Congreso. Sus planos siguen el recorrido completo: del estanque de troncos a la sierra, el secado, la cepilladora y la vía del tren. De fábricas como esa salía el pino que se exportaba por los puertos del Golfo de México. No se sabe de cuál venía cada partida que acabó en Madrid.
Parte de aquella madera nunca llegó al aserradero. Entre 1860 y 1920 los troncos bajaban flotando por los ríos del sureste, y muchos de pino de hoja larga, muy densos, se hundieron por el camino, según BuildingGreen. Florida prohibió sacarlos en 1974 y volvió a permitirlo con permiso en 1998. De vez en cuando esa madera aparece también en nuestros lotes de recuperación.
Identificación de la madera en obra
Saber si un entarimado centenario es melis no depende del color. Barnices antiguos, ceras oxidadas o tintes de época imitan el tono ámbar del duramen maduro. En obra miramos tres cosas: cuántos anillos hay por centímetro, cuánta madera tardía tiene cada anillo y cómo se comporta la madera al acuchillar.
El pino de hoja larga de bosque primario creció despacio. En árboles viejos de Carolina del Norte y Alabama la media va de 8 a 11 anillos por centímetro, según el banco internacional de anillos de árboles. Como referencia, la norma de clasificación americana ya llama «densa» a la madera con 2,4 anillos por centímetro (SPIB). La madera tardía forma bandas oscuras y anchas, con un paso brusco desde la madera temprana.
Al cortar o desbastar una pieza de melis en obra, el comportamiento de la madera suele delatarla. El calor de la lija ablanda la resina y empasta el abrasivo con un polvo denso que desprende fuerte aroma a trementina. El pino Oregón y las coníferas comunes dan un polvo más seco, que no empasta las bandas de lijado.
El comportamiento dimensional y las mermas higrométricas dependen de la orientación del aserrado respecto a los anillos anuales:
- Corte radial (al cuartel o mallado): anillos perpendiculares a la cara vista, en líneas rectas. Mueve un 0,18 % por cada 1 % que cambia la humedad de la madera, según el Wood Handbook. Es el corte más estable, aunque no llega al de la teca, que mueve 0,10 %.
- Corte tangencial (floreado): anillos en arcos sobre la cara vista. Mueve un 0,26 % por cada 1 % de humedad, casi la mitad más que el radial. Estas tablas acusan la sequedad del invierno madrileño con calefacción (20–30 % de humedad relativa) y abren juntas si no se controla el ambiente.
La carcoma común (Anobium punctatum) prefiere la albura, según Tim Hutton. El Wood Handbook da el duramen de pino de hoja larga de bosque primario como moderadamente resistente a la pudrición. Los ataques y las mermas fuertes suelen estar en piezas con albura.
El pino melis frente a otros pinos
En edificios antiguos de Madrid es frecuente encontrar entarimados de coníferas comunes o sustituciones posteriores que se confunden con melis. La tabla compara densidad y dureza con valores del Wood Handbook y de la Wood Database. No damos dureza Brinell: no está medida para el pino de hoja larga. Estos son los valores:
| Madera | Densidad 12% (kg/m³) | Dureza Janka | Disponibilidad | Uso histórico en Madrid |
|---|---|---|---|---|
| Pino melis viejo (casi siempre pino de hoja larga) | 660 | 3.900 N | Solo recuperación histórica | Tarimas y parquets de viviendas, desde finales del siglo XIX |
| Pino silvestre / Valsaín (P. sylvestris) | 550 | 2.420 N | Fácil | Estructura, carpintería, tarima común |
| Pino marítimo / Gallego (P. pinaster) | 500 | 1.740 N | Muy fácil | Construcción auxiliar, tarima económica |
| Pino Oregón (Pseudotsuga menziesii) | 510–540 | 2.760–3.200 N | Fácil | Estructuras de gran luz, revestimientos |
| Pino de pez americano (Pinus rigida), que no es el pino tea del comercio | 545–580 | 2.760 N | Limitada | Viguería, muelles, suelos industriales |
| Pino blanco americano (Pinus strobus) | 390 | 1.700 N | Fácil | Carpintería de taller, embalaje, molduras |
Estas diferencias explican por qué no sirve rematar un suelo de melis con pino corriente de aserradero. El pino gallego o el silvestre tienen bastante menos dureza (entre 1.700 y 2.400 N frente a 3.900) y se marcan antes al pisar. El pino Oregón tiene tono rosado y veta más abierta, no cambia de color igual bajo el barniz y el parche se nota. Para injertar usamos melis recuperado de la misma época, con densidad y orientación de veta parecidas para que trabaje al mismo ritmo.
Cómo se comporta con el calor, la humedad y el barniz
Suelo radiante a baja temperatura. La norma UNE-EN 1264 toma 0,15 m²·K/W como resistencia térmica de referencia del pavimento. También limita la superficie a 29 °C en las zonas donde se está. La conductividad del melis al 12 % de humedad es de unos 0,17 W/(m·K), según el Wood Handbook. Con ella, 14 mm de madera dan 0,08 m²·K/W y 22 mm dan 0,13, por debajo de la referencia; cuanto más grueso, más lento responde el suelo.
Pegado sobre solera. El melis viejo no tolera la humedad residual de obra. En la solera medimos la humedad por el método del carburo, con la muestra picada a 2–3 cm. La UNE 56810 pone el límite en el 2,0 % para el cemento y el 0,5 % para la anhidrita. Con suelo radiante baja al 1,8 % y al 0,3 %. La pasta niveladora se controla por el tiempo de secado que da el fabricante para ese espesor. Para pegar madera maciza usamos adhesivos sin agua, de silano o de poliuretano.
Comportamiento con barnices al agua. La resina de algunas coníferas puede alargar mucho el secado del barniz o impedir que moje bien, como advierte la ficha técnica de un fondo de Bona. En melis damos primero una imprimación bloqueadora y después las manos de barniz al agua 2K. Cada imprimación deja un tono distinto. Se puede hacer una muestra, que en restauración se presupuesta aparte. Con acabado natural o ultramate el melis cambia bastante de tono, como las demás maderas.
Aceite y cera. El melis también admite aceites secantes y ceras duras, que no forman película y realzan el tono rojizo del duramen. Se repasan por estancias sin acuchillar toda la vivienda; en pasillos y zonas de mucho paso es más práctico un barniz al agua de alta resistencia.
Qué cambia al restaurarlo
Restaurar melis empieza por el soporte, no por la lija: rastreles, forjado y humedad. Si la tabla conserva más de 2–3 mm de madera útil sobre el machihembrado, se conserva y se acuchilla. Un acuchillado rebaja desde unas ocho décimas de milímetro en un suelo plano hasta 3 mm o más si hay que nivelar. Por debajo de esos 2–3 mm apenas es viable y la tabla se repone con melis de derribo de la misma época, que sacamos de nuestro propio acopio. Los clavos se embuten antes de lijar y las juntas se masillan con resinas para parquet.
Cuando una tarima de melis se va a reutilizar, la levantamos antes de que entren los instaladores: es lo que llamamos retirada técnica. Los rastreles se cambian si están en mal estado, hundidos o con humedades. El ruido de un suelo sobre rastreles se reduce con inyecciones de poliuretano expansivo, o cambiándolos si es grave.
Cuándo se repara, cuándo se sustituye y cuándo no compensa
Se repara por piezas cuando el daño está localizado, queda madera sobre la lengüeta y el soporte está sano. Las tablas sueltas se vuelven a fijar, y el parquet que suena a hueco se inyecta o se repega según el despegue.
Se sustituye por zonas cuando no quedan 2–3 mm sobre la lengüeta, cuando domina la albura o cuando la carcoma ha dejado la madera sin resistencia. Si la carcoma está en los rastreles, se cambia completa la zona afectada y se comprueba que el resto está inactivo.
No compensa restaurar cuando el soporte está perdido, cuando hay una humedad activa sin resolver o cuando las reposiciones con otra madera ya han deshecho el dibujo. Antes de descartar un suelo se mide el espesor mirando el canto de una tabla. Si no se puede, se pregunta la edad del suelo y cuántas veces se ha acuchillado, y se tantea el sonido.
Los daños que encontramos en el melis vienen de dos sitios. De la propia madera salen las grietas, las bolsas de resina, las galerías antiguas de carcoma y las tablas deformadas. De reparaciones anteriores salen las masillas rígidas, las grapas oxidadas, los clavos mal puestos, el cemento en las juntas y los parches de otra madera.
Cómo está colocado el melis que restauramos
En las obras de Madrid encontramos el melis colocado al hilo y en espiga con faja. También forma cestería, paños en diagonal con tacos, rombos y marqueterías con filetes de otras maderas. En espigas y fajas, la pieza repuesta respeta el ancho, el ángulo y la dirección de la veta de las originales.
El formato también decide cuánto se puede lijar. En la tarima clavada cuenta la madera que queda sobre la lengüeta. En el parquet pegado, la baldosa de marquetería y los paneles, el límite lo pone la capa de madera vista sobre la base.
Si la finca está catalogada, mandan las Normas Urbanísticas de Madrid y su ficha de catálogo. Lo explicamos en pavimentos de madera en edificios protegidos de Madrid.
Hemos restaurado melis en Galileo (Chamberí), Valenzuela (Jerónimos), Montalbán (Jerónimos), Ferraz (Argüelles), Alcalá (Retiro), Monte Esquinza (Chamberí) y en la tarima de la sede del Defensor del Pueblo en Zurbano. En cada ficha está el suelo, el problema y lo que hicimos.
¿Tiene un suelo de pino melis en Madrid? En nuestra página de pino melis viejo contamos cómo lo restauramos, lo completamos con piezas de la misma época o lo instalamos.
Créditos de imagen y licencias
- Obras de restauración de pino melis en Madrid: archivo de ParkSinta.
- Bosque virgen de Luisiana y resinación (1896): Charles Mohr, The timber pines of the southern United States, vía Wikimedia Commons (bosque y resinación), dominio público.
- Mapa del pino de hoja larga: Elbert L. Little Jr., Servicio Forestal de EE. UU., vía Wikimedia Commons, dominio público.
- Aserradero de Long Leaf: Historic American Buildings Survey (HABS LA-1233), Biblioteca del Congreso, dominio público.
Preguntas frecuentes
¿Cómo diferenciar pino melis de pino tea u otras coníferas en suelos antiguos a simple vista?
«Melis» y «tea» no son el mismo pino. En origen, «melis» era la madera de pino cargada de resina, sobre todo la de Tortosa, y «tea», el duramen del pino canario. Hoy el comercio español usa los dos nombres, y también «mobila», para el pino amarillo del Sur de Estados Unidos, según la AEIM.
Por eso se identifica por la madera y no por el nombre: duramen de crecimiento lento, veta apretada, densidad alta y resina de color ámbar. Si tiene dudas con un suelo antiguo, envíenos fotos del canto y de una tabla sin barniz.
¿Qué dureza y estabilidad tiene el pino melis comparado con roble y pino nórdico?
El pino melis viejo es más blando que el roble, pero estable si es duramen bien seco. El pino nórdico es más blando que el melis.
Según el Wood Handbook del Servicio Forestal de Estados Unidos, el pino de hoja larga tiene una dureza Janka de 3.900 N. El pino silvestre ronda los 2.400 N y el roble europeo, los 5.000 N.
¿Cuántas veces se puede acuchillar una tarima de pino melis?
Depende de cuánta madera quede sobre la lengüeta.
Una tarima maciza de 22 mm admite 4 o 5 lijados. Cada acuchillado rebaja desde unas ocho décimas de milímetro, si el suelo está plano, hasta 3 mm o más si hay que nivelar. Por debajo de 2–3 mm sobre la lengüeta, restaurar apenas es viable.