
El Museo del Romanticismo de Madrid ocupa el palacio del marqués de Matallana, construido en 1776 con proyecto atribuido a Manuel Rodríguez García. El edificio es museo nacional desde 1924 y fue reformado con la adopción de su denominación actual en 2009.
El salón de baile conserva su parqué de madera, integrado en la decoración decimonónica del palacio; la especie y el patrón no constan en las fuentes públicas. Es una de las estancias más reconocibles del museo y un ejemplo de pavimento doméstico noble del Madrid del siglo XIX.
Este artículo se enmarca en la serie Los mejores parqués de España.
El palacio del marqués de Matallana
El palacio se levantó en 1776 en el actual barrio de Malasaña, con proyecto atribuido a Manuel Rodríguez García. A lo largo del siglo XIX albergó a sucesivos propietarios nobiliarios, entre ellos el marqués de Matallana, y fue escenario de la vida social del Madrid romántico.
En 1924 el edificio se convirtió en museo nacional dedicado al Romanticismo, con fondos procedentes del legado del marqués de la Vega-Inclán. Tras la reforma de 2009, que adoptó su denominación actual, el museo reorganizó sus salas manteniendo la decoración original de las estancias.
Las fuentes abiertas no detallan la especie, el patrón ni el sistema constructivo del parqué del salón de baile; conviene no atribuirlos. Lo verificado es su presencia original integrada en la decoración decimonónica.
El parqué del salón de baile
El salón de baile conserva su pavimento de parqué, enmarcado por la decoración historicista de la sala: papeles pintados, espejos y mobiliario de época. Ese tipo de suelo, de piezas ensambladas en dibujos, era el pavimento de representación de las casas nobles del siglo XIX.
Al tratarse de un museo, el parqué se conserva en condiciones de exposición: el tránsito está limitado y la estancia se mantiene como unidad de época, lo que ha favorecido la conservación del suelo original.
Protección y conservación
El edificio está protegido como bien de interés cultural y forma parte del patrimonio museístico del Estado. Cualquier intervención sobre los interiores, incluido el pavimento, se rige por la normativa de conservación de bienes culturales.
La principal amenaza de un parqué en uso museístico es la humedad y la variación térmica, por lo que el control ambiental de las salas es parte de su conservación ordinaria.
Qué revisar en un pavimento histórico como el del museo
Ante un parqué histórico en uso museístico, la primera tarea es documentar especie, patrón y estado antes de plantear cualquier intervención. Hay que controlar la estabilidad de las piezas, la regularidad de las juntas y el encaje con rodapiés, puertas y elementos fijos.
También se revisan las condiciones del soporte y de la humedad, la presencia de piezas móviles o reparaciones previas, y la compatibilidad de los acabados con la madera original. Esa revisión decide qué se conserva, qué se reproduce y qué se sustituye.
En el Museo del Romanticismo, la documentación manda: las fuentes públicas no detallan la especie ni el patrón del parqué, así que cualquier propuesta de restauración debería empezar por un análisis previo que complete esa laguna.
Fuentes usadas
- Wikipedia, «Museo del Romanticismo». Palacio del marqués de Matallana (1776, Manuel Rodríguez García), museo nacional desde 1924 y reforma concluida en 2009.
- Outisnn / Wikimedia Commons, «Salón de baile Museo del Romanticismo». Imagen del salón de baile con el parqué, publicada bajo licencia CC BY 3.0.