El piso principal de la Casa Amatller, en el paseo de Gracia de Barcelona, mezcla tres suelos: losas de mármol, mosaico romano y parqué de madera. El parqué es de losas cuadradas con un aspa en el centro. Se pisa en el salón donde Antoni Amatller enseñaba su colección de arte y en uno de los dormitorios.
Josep Puig i Cadafalch reformó la casa entre 1898 y 1900 para el chocolatero. Entre 2009 y 2015, la Fundació Institut Amatller la devolvió casi a ese estado. Es uno de los casos de los mejores parqués de España.

Madera entre mosaicos
Los dos pasillos largos que cruzan el piso no llevan madera, sino mosaico del italiano Mario Maragliano, que imita alfombras con flores. Abajo, el suelo del vestíbulo es la baldosa de cuatro pétalos diseñada por el arquitecto, hoy uno de los símbolos de Barcelona.
En un dormitorio de paredes rojas, con cama de dosel y armario de luna, el suelo repite el dibujo del salón. Las losas van paralelas a los muros y llegan hasta el pie de los muebles. En la foto la madera se ve más pálida que en el salón, y el filete que separa las losas queda menos marcado.

El salón de la colección
El salón está entre los dormitorios del padre y de la hija, y en él enseñaba Antoni Amatller las mejores piezas de su colección. Unas columnas salomónicas sobre pedestales de piedra separan dos espacios, uno de paredes rojas y otro de papel verde. El parqué pasa de uno a otro por debajo del arco sin cambiar de dibujo, y las losas llegan hasta la piedra de los pedestales.
Cada losa es un cuadrado con un marco de tablillas y un centro partido en cuatro triángulos, cuyas uniones dibujan un aspa. Entre losa y losa corre un filete más oscuro que forma una retícula paralela a los muros. Hoy la madera tiene un tono miel claro y brilla donde le da la luz de las ventanas. Se desconoce la madera y quién colocó el suelo.
Más arriba, el arrimadero que forra la parte baja de los muros también es de madera. Sus tablas van en diagonal y forman espigas. En la sala conviven dos dibujos de madera: el aspa en el suelo y la espiga en la pared.

La alfombra de 1915
El fotógrafo Josep Salvany retrató el salón en 1915, con las columnas salomónicas a la derecha y, al fondo, la portada de piedra de la sala de papel verde. Una alfombra grande cubría entonces el centro, y el parqué solo asomaba en una franja estrecha entre su borde y el pedestal. En esa franja parece verse ya la retícula de losas.
La placa es estereoscópica, con dos tomas casi iguales para verlas en relieve, y se guarda en la Biblioteca de Catalunya. Una foto de hoy desde casi el mismo punto enseña el suelo descubierto: las losas siguen bajo el arco y entran en la sala verde.


Biblioteca y casa museo
Antoni Amatller murió en 1910, y su hija Teresa vivió sola en la casa hasta 1960. En 1934 y 1935, Josep M. Gudiol le rehízo el dormitorio y el vestidor en estilo art déco.
El mismo Gudiol, ya director del Instituto Amatller de Arte Hispánico, convirtió el piso en sede de la institución en 1960. Todos los cambios se hicieron de forma que pudieran deshacerse. Se pusieron estanterías en todas las paredes posibles, chimenea del salón incluida, los muebles se apiñaron en los antiguos dormitorios y el comedor pasó a ser sala de lectura.
La restauración que dirigió Santiago Alcolea i Blanch, director del Instituto, empezó por llevar la biblioteca y la fototeca al segundo piso. La planta principal se acometió en 2014 y duró 22 meses. Se restauraron los pavimentos de mosaico, parqué y mármol, los techos, los arrimaderos y los muebles, con ayuda de las fotografías antiguas de la casa.
La mayoría de los materiales son los originales. Cases Singulars, la empresa que organiza las visitas, presenta el parqué como el mismo que había en 1900.
Bajo las estanterías
Un parqué de losas que ha pasado medio siglo con estanterías contra los muros se revisa empezando por el perímetro. Se pisa losa a losa buscando las que suenan a hueco, y la que se ha despegado se inyecta o se repega según lo suelta que esté. Una junta abierta entre losas se rellena con masilla de resina para parquet, de Deva o de Bona; el serrín no sirve.
Antes de lijar se averigua el grueso de madera que conserva cada losa sobre la lengüeta. Se lee en un canto a la vista; si no lo hay, se cuenta con la edad del suelo y con lo que se le hizo en 2014. El límite ronda los 2 o 3 mm: una losa más delgada apenas admite otro lijado. Cada pasada se lleva entre 0,8 y 3 mm o más, y menos cuanto más plano está. Un caso parecido: Restauración de baldosa italiana de parquet – Almagro.
Restauración de parquets antiguos
Si en casa tienes un parqué de losas de principios del siglo XX, te decimos qué se puede conservar de él. Más sobre suelos con historia, en Parquets antiguos.
Fuentes
- Kent Wang, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.
- Amadalvarez, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
- Kent Wang, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.
- Josep Salvany i Blanch, Wikimedia Commons, Public domain.
- Amadalvarez, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.